martes, 27 de octubre de 2015

Morenés convierte la búsqueda de los desaparecidos del SAR en una operación de imagen

OPINIÓN/

El ministro Morenés en un helicóptero de rastreo del SAR hoy.



El ministro Morenés en un helicóptero de rastreo del SAR hoy. 
Hay tres personas sobre cuyo paradero se desconoce todo: si están vivos o si han fallecido, si son rehenes en un barco pirata o si se desesperan a la deriva en medio del Atlántico en una balsa de salvamento, si un problema técnico de la chatarra volante con que se obliga a volar a los efectivos del SAR les ha podido costar su último aliento o si han sido víctimas de un sabotaje… Hay tres militares cuyo rastro se perdió el jueves 22 de octubre en la oscuridad nocturna del Atlántico mientras el ministro de Defensa se iba a dormir tan tranquilo después de recibir de tercera mano un simple fax que decía que estaban a salvo en un pesquero marroquí del cual el Gobierno de España no se molestó ni en pedir el nombre y que luego se esfumó como la espuma de las olas sin dejar rastro alguno. Tres personas cuyas familias se desesperan en Gando y que ya no saben ni cómo gestionar el dolor y la desesperación. Tres servidores del bien común cuyo trabajo consistía en asegurar que otros pudieran sobrevivir a cualquier incidencia que quisiera oponerles el destino.


Tres jóvenes militares de los cuales es imposible saber siquiera, en medio de la opacidad interesada del Ministerio de Defensa y del oportuno secreto de sumario que sobre su caso ha dictado el juez togado militar, si el día que sufrieron un accidente en medio del océano funcionaron al menos las balizas de emergencia que portaban sus chalecos. Tres seres humanos perdidos cuyo rastro se esfumó en la noche del jueves en medio de una maraña de medias verdades y de mentiras oficiales. Mentiras indecentes, como la falsedad impresentable de que durante la noche era imposible buscarles en el mar “porque no se ve”, como se atrevió a decir en su primera comparecencia pública en la Base Aérea de Gando el ministro de Defensa que nos ha tocado en desgracia soportar. Mentiras arriesgadas, como la ficción de que el Gobierno de España está haciendo todo lo posible para encontrar en el mar la cabina de un helicóptero que entre el jueves y el viernes se dejó hundir en el Atlántico dos días antes de lanzar una operación de búsqueda para hallar el mismo objeto que a golpe de negligencia dejaron que se perdiera en el océano. Mentiras desvergonzadas como que en el accidente precedente del SAR, sucedido hace solo 19 meses con un balance de cuatro muertos y un único superviviente que ahora ha desaparecido a bordo de este otro vuelo, no hubo ningún fallo técnico como causa coadyuvante de la tragedia de 2014. Mentiras que representan todo un agujero de seguridad, no ya solo desde el punto de vista de la protección de la vida de los militares del SAR, sino de la propia seguridad de Canarias. O a ver si no de qué manera digerir que Defensa tarde casi tres horas, ¡tres horas!, en encontrar con un F-18 los restos de un helicóptero accidentado en el mar del cual tenía la posición señalizada por balizas (y satélites) desde 120 minutos antes. Mentiras y más mentiras de quien no puede tener otro interés que ocultar su propia y colosal ineptitud ante un caso escandaloso ya desde su propia descripción: un país que aloja las mayores maniobras de la historia de la OTAN en su territorio y al mismo tiempo es escandalosamente incapaz de encontrar a tres militares accidentados en un punto del Atlántico localizado vía satélite. Pues bien, mientras todo esto sucede, mientras miles de ciudadanos acompañan a las familias del SAR en su angustia ante su indescriptible dolor, el señor ministro de Defensa, Pedro Morenés, y su brazo derecho, el general Salto, el mismo que se negó a asistir al homenaje de aniversario a los cuatro fallecidos del SAR de 2014 y obligó a reducirlo a una corona de flores colgada de un paredón de la Base Aérea de Gando, han tenido hoy la desfachatez incalificable de querer convertir en un show la búsqueda desesperada de tres militares. Cómo interpretar de otra manera que, cuando ni siquiera fueron capaces de enviar el jueves a un Súper Puma al lugar del accidente para descender sobre la cabina cuando todavía estaba a flote, hayan organizado hoy una excursión del ministro a bordo de un helicóptero de rescate para rematarlo luego con un almuerzo en un buque de la Armada recién llegado al lugar del accidente, el BAM Rayo. Hacen por propaganda política lo que no fueron capaces de ordenar el jueves para intentar salvar la vida de tres personas cuya cuenta atrás acumula ya cinco días de desesperante descuento. Y para rematarlo y que no quede duda alguna acerca de las intenciones, colocan una pieza en el Telediario casualmente grabada por una cámara estratégicamente situada a pie de helicóptero. El mismo Telediario que el viernes no se dignó a dar ni una palabra en su sumario, ni una, acerca de la desaparición de José, de Saúl y de Jhonander. No solo no tienen vergüenza. Es que no se molestan ni en disimular la indecencia.

Fotografías: Ministerio de Defensa en Twitter

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