jueves, 19 de marzo de 2015

Flores y un mar de lágrimas por los cuatro caídos del SAR

Ejército

Compañeros y familiares de los fallecidos lanzan flores al mar.

Placa en recuerdo de las cuatro víctimas, en la zona de entrada al 802 Escuadrón.

Los compañeros de los militares fallecidos en el helicóptero que cayó al mar honran a las víctimas en un modesto homenaje que compensó con cariño la frialdad de la alta jerarquía militar 


El jefe del Macan desaíra a las familias con su inasistencia al acto y su número dos se descuelga con una inoportuna declaración que deriva hacia los fallecidos la responsabilidad del accidente 


Teresa Cárdenes

Una placa descubierta junto a una pequeña puerta en un muro de hormigón, ante una veintena de sillas y varios maceteros de flores pequeñas con la bandera de España. Así fue el único homenaje que sus compañeros del 802 escuadrón SAR del Ejército del Aire pudieron ofrecer este jueves a los cuatro militares muertos cuando, hace justo un año, un helicóptero de rescate se precipitó contra el mar a 37 millas náuticas de Gran Canaria en medio de una maniobra nocturna. La modestia y la sencillez no están reñidas con el sentimiento. Y fue eso, el sentimiento, el cariño y las lágrimas que muchos militares se enjugaron este jueves casi a hurtadillas, lo que salvó el acto de reconocimiento a los cuatro fallecidos.

El contrapunto lo puso la clamorosa, inexplicable y casi ofensiva ausencia del máximo responsable del Ejército del Aire en Canarias, el general jefe del Mando Aéreo de Canarias, Javier Salto, que delegó en su segundo para no dar la cara en el acto de recuerdo a los fallecidos. "Está en Madrid", le excusó el número dos. Por si con la indiferencia no había sido suficiente, el jefe accidental del Macan remató la mañana evocando el "factor humano" como única causa de la tragedia del SAR. Una bofetada más en la ya herida sensibilidad de los familiares en un acto donde parecía haber dos ejércitos diferentes: el de la cálida sencillez de la gente corriente del 802 escuadrón y el de la fría e inoportuna obstinación de algunos mandos, empezando por el ausente Salto, por pasar cuanto antes la página de una dolorosa tragedia.

El segundo jefe del Macan achaca el accidente del SAR a errores humanos en cadena

Ejército

El general Francisco Javier Fernández Sánchez.

El general Fernández Sánchez evoca como desencadenantes "actuaciones de pilotos, procedimientos, formas de actuar, gestión de recursos en cabina…", pero nunca el fallo de las bengalas de iluminación


Teresa Cárdenes

El fallo en el lanzamiento de bengalas de iluminación en el avión de apoyo no hizo caer el helicóptero del SAR hace un año en aguas del Atlántico y la causa hay que buscarla en "el factor humano". Con esa rotundidad se manifestó este jueves el segundo jefe del Mando Aéreo de Canarias (Macan), apenas unos minutos después de que terminara en la Base Aérea de Gran Canaria un homenaje en memoria de los cuatro militares fallecidos en el accidente. El general Francisco Javier Fernández Sánchez recordó que todavía están en marcha dos investigaciones paralelas sobre el accidente, la que realiza el juez togado militar que instruye la causa y la que lleva a cabo la Comisión de Investigación Técnica de Accidentes de Aeronaves Militares (CITAAM). Pero este jueves dio por hecho que no hubo fallo técnico alguno en el helicóptero, que el fallo de bengalas no fue la causa desencadenante del accidente y que el origen hay que buscarlo "en el factor humano". Fernández Sánchez evocó una cadena de errores humanos, entre los que citó "actuaciones de pilotos, procedimientos, forma de actuar, gestión de recursos en cabina... Ha debido haber algún factor porque hasta ahora no había problema técnico".

martes, 17 de marzo de 2015

Caso #SAR: "Hay una luz haciendo señales, tienen que ser ellos"

Ejército

Cubierta del EDT Ares, que sacó el helicóptero del fondo del mar.

Los militares que iban en el avión de apoyo fueron los primeros en ver unas luces parpadeantes flotando en el mar cuando ya el Super Puma del SAR se hundía en el Atlántico: gracias a ellas se localizó al único superviviente 



Ocho intentos infructuosos realizó el buque de la Armada Meteoro para intentar comunicarse con el helicóptero del SAR siniestrado el 19 de marzo de 2014 a 37 millas de Gran Canaria cuando éste ya se había precipitado contra el océano y comenzaba a hundirse a toda velocidad en el Atlántico. Los intentos fallidos sembraron primero el desconcierto y luego la alarma tanto en el Meteoro como en el avión que, a 3.300 pies de altura, se ocupaba esa noche de iluminar la zona de maniobras y cuyo fallo en el lanzamiento de bengalas precedió al accidente.

A bordo del avión había siete militares. A pesar de su altitud, fueron ellos los primeros en ver en el mar unas luces parpadeantes cuando el helicóptero ya había desaparecido. Las transcripciones no lo precisan, pero eran presumiblemente las mismas luces que activó en su chaleco el único superviviente de Súper Puma cuando, a unos 12 metros de profundidad y cuando éste se hundía boca abajo a toda velocidad en el océano, logró romper a golpes con la cabeza un ojo de buey para poder salir de la nave accidentada y nadar a ciegas hacia la superficie.


Caso SAR: "Justo en la salida del helicóptero oímos un golpe como contra cubierta" (I)

Ejército 

Desembarco de los restos del helicóptero en la Base Naval de Las Palmas.

Las transcripciones del accidente del Súper Puma del SAR que se estrelló de noche en el Atlántico recogen el desconcierto en el barco y el avión de apoyo cuando la nave dejó de contestar 


Antes de quedar a oscuras y caer al mar, los tripulantes pidieron varias veces refuerzos de iluminación en el buque y correcciones en el lanzamiento de las bengalas que debían orientarles 



Eran exactamente las 20:46:34 horas del 19 de marzo de 2014. Desde el barco Meteoro de la Armada, un miembro de la tripulación escuchó por última vez una frase entrecortada procedente del helicóptero del SAR que se estrelló esa noche con 5 personas a bordo a 37 millas náuticas de Gran Canaria cuando realizaba un entrenamiento nocturno. "Hemos abortado ma… la… posici…" Tres minutos antes, el helicóptero había pedido al avión de apoyo que tenía que iluminarle la zona que lanzara en ese momento exacto una bengala porque estaba en una posición "fantástica". No llegó a ser lanzada porque el sistema se encasquilló. Tres minutos después, la frase entrecortada daba paso al silencio. El Súper Puma dejó de responder y pareció borrarse del mapa, tragado por la oscuridad.


jueves, 12 de marzo de 2015

El helicóptero del SAR se estrelló en el mar un minuto después de quedarse a oscuras por un fallo en el avión de apoyo

Ejército

Daniel Pena Valiño, Carmen Ortega Cortés, Sebastián Ruiz Galván y Carlos Caramanzana Álvarez.



El Súper Puma hacía una maniobra nocturna en el mar y necesitaba guiarse con bengalas lanzadas desde una nave acompañante, pero el sistema de lanzamiento se atascó y dejó a la tripulación sin referencias visuales 


La nave siniestrada no tenía medios propios de iluminación y desapareció en medio del océano apenas 60 segundos después, sin que la tripulación acabara de comunicar que suspendía el entrenamiento por visibilidad nula 


Un año después del accidente, el juez togado que instruye la causa ni siquiera ha tomado declaración al único superviviente de la tragedia y las familias se indignan ante la lentitud y el oscurantismo 


Teresa Cárdenes

El helicóptero del SAR que se estrelló en el mar a 37 millas de Gran Canaria en la noche del 19 de marzo de 2014 se había quedado un minuto antes sumido en la oscuridad absoluta y sin referencias visuales tras un fallo en el sistema de lanzamiento de bengalas del avión que le acompañaba para iluminarle durante una maniobra de entrenamiento nocturno. El accidente de este helicóptero del SAR le costó la vida a cuatro militares del Ejército del Aire cuya misión principal era paradójicamente la de salvar la vida de otros. Un año después del accidente, el juez togado militar que instruye la causa ni siquiera ha tomado todavía declaración al único superviviente del siniestro. La indignación y la impotencia se han instalado desde hace un año entre las familias de los cuatro fallecidos. No solo por la lentitud y el oscurantismo, sino ante la sospecha de que las limitaciones materiales con que sus hijos fueron enviados a una maniobra de entrenamiento nocturno fueron, si no la causa principal, al menos un grave coadyuvante para que se desencadenara la tragedia. Ahora, un año después del siniestro, el primer informe preliminar redactado por la Comisión de Investigación Técnica de Accidentes de Aeronaves Militares (CITAAM) y manejado en la instrucción de la causa, confirma lo que las familias sospechaban desde hace meses: que el helicóptero se quedó dramáticamente a oscuras en medio del mar por un fallo en el avión acompañante apenas un minuto antes de que el Súper Puma se precipitara contra el agua.

miércoles, 11 de marzo de 2015

La larga noche de la tragedia del SAR en el Atlántico

Ejército 


Imagen del helicóptero accidentado. La ventana circular junto a las ruedas traseras fue el punto por el que Jhonander logró abandonar el helicóptero sin saber aún que se estaba hundiendo.



Un año después de la caída al mar de un helicóptero en el que murieron cuatro militares a 37 millas de Gran Canaria, las familias se enfrentan a una montaña de preguntas sin respuesta sobre las causas del accidente 


El único superviviente es un joven de 26 años que logró escapar milagrosamente de la nave tras romper con la cabeza un ojo de buey y nadar hacia la superficie cuando el Súper Puma se hundía a plomo en el mar 


Jhonander Ojeda salvó la vida en medio de una pesadilla y solo tras alcanzar la superficie se dio cuenta de la magnitud del siniestro y tras llamar a gritos desesperados a sus compañeros, de que estaba solo en medio del océano 



Teresa Cárdenes @teresacardenes 

El próximo 19 de marzo no va a ser un día del padre cualquiera en la vida de las cuatro familias golpeadas hace casi un año por la tragedia del servicio aéreo de rescate (SAR) del Ejército del Aire, que perdió a cuatro militares cuando un helicóptero que realizaba una maniobra de entrenamiento nocturno se estrelló y hundió en el mar a 37 millas náuticas de Gran Canaria en medio de una noche oscura. Casi un año después de la tragedia, las familias de los cuatro militares fallecidos se enfrentan con impotencia a la lentitud en la instrucción del caso a cargo de un juez togado militar. Pero sobre todo, se enfrentan cada noche cara a cara a una montaña cada vez más insalvable de preguntas: la más dolorosa, si el drama que segó la vida de sus hijos era un drama evitable con dotaciones materiales adecuadas al trabajo de riesgo que desempeñaban los cuatro militares muertos. La más inquietante, qué ocurrió realmente aquella noche hasta conducir al desenlace fatal: un helicóptero abruptamente estrellado contra la superficie del mar que se hundió a toda velocidad, llevándose con él las vidas de cuatro personas y robando para siempre la calma de cuatro familias.

Francisco Ojeda es el padre del único superviviente de la tragedia, el sargento mecánico de vuelo y operador grúa Jhonander Ojeda Alemán. De aquella noche terrible, Francisco recuerda que entró en la Base Militar de Gando, colindante al aeropuerto civil de Gran Canaria, cuando una llamada del Ejército alertó a los padres de que el helicóptero en que viajaba su hijo había desaparecido en el mar durante un entrenamiento de rescate nocturno. Francisco y su hijo habían compartido ese día un almuerzo que cada 19 de marzo reúne por tradición familiar a padres, abuelos y nietos. Al despedirse, el joven sargento dijo que esa noche volaría para hacer unas maniobras con grúa nocturna.

Jhonander Ojeda.
Se trataba de un entrenamiento que en el SAR se consideraba en cierto modo rutinario, aunque en un escenario con un riesgo añadido: el que conlleva cualquier maniobra en el mar sumándole los inconvenientes de la noche. Como era habitual en otros ejercicios análogos, el helicóptero volaría hasta 37 millas náuticas de distancia, se colocaría en vertical sobre un barco de la Armada y allí, con el soporte técnico de otro avión militar, encargado de iluminar el área con bengalas, ejecutaría un entrenamiento de rescate desde la superficie de la nave. ¿Por qué bengalas? Porque como dolorosamente acabaron sabiendo después los familiares de las víctimas, el Súper Puma HD21-10 usado en la maniobra carecía de medios autónomos de iluminación y tenía que orientarse con la luz de bengalas lanzadas desde un avión acompañante.