miércoles, 24 de septiembre de 2014

Caso SAR: La innecesaria tortura del padre del teniente Ruiz

EJÉRCITO


Medio año tras el accidente (II)



El cuerpo de uno de los militares fallecidos en el siniestro del SAR fue hallado con tres parches identificativos, su pasaporte, varios certificados y cartillas, permiso de conducir y efectos personales como su cartera, pero el Ejército omitió el dato ante su desesperanzada familia y la hizo esperar cinco días por el juez togado militar 


Documentos personales hallados en el mono de vuelo que portaba el teniente Ruiz al ser rescatado.


El lunes 21 de abril de 2014 nunca se borrará de la memoria de Sebastián Ruiz Benítez. Ese día, mientras él se enfrentaba a la desesperación de ver pasar las horas sin noticias de su hijo, uno de los militares desaparecidos en la noche del 19 de marzo en el helicóptero del SAR accidentado a 37 millas de Gran Canaria, buzos de la Armada rescataban del océano casi a la desesperada el cuerpo de uno de los fallecidos durante la operación final de izado de la aeronave desde el fondo del océano. Llevaba puesto su mono de vuelo, un parche de identificación y repartidos en los bolsillos, una docena de documentos, permisos, certificados y efectos personales que indicaban con poco margen para la duda que se trataba del teniente Sebastián Ruiz Galván. Además, muchos de quienes asistían a la escena del rescate, entre militares, miembros de la comisión judicial y rescatadores civiles y del Ejército, habían podido ver que aquel cuerpo había caído al mar desde el asiento del copiloto. El mismo que, según el único testimonio directo de que disponía el Ejército, ocupaba el joven teniente Ruiz cuando se había producido el accidente.

Nada impidió sin embargo que su padre no fuera informado por el Ejército de ninguno de los detalles del rescate y que este hombre pasara cinco fatídicos días más sumido en la desoladora percepción de que su hijo era uno de los dos cuerpos que se habían perdido para siempre en el mar, mientras que, a la inversa, la falta de información permitió que otras familias albergaran la esperanza de que sus hijos sí estaban entre los cuerpos rescatados. Seis meses después de la tragedia, Sebastián Ruiz Benítez aún se pregunta quién y por qué permitió este plus de sufrimiento extremo, pese a tener en su mano la posibilidad, si no de despejar todas las dudas, sí al menos de preparar a las familias para la inapelable realidad con que se encontrarían cinco días después cuando el juez togado militar les notificó por separado y al caer la noche las diligencias de constancia y el auto que certificaba el fallecimiento de los cuatro militares muertos.

lunes, 22 de septiembre de 2014

Seis meses desde la tragedia del SAR: muchas preguntas en el aire y ninguna respuesta

EJÉRCITO


Medio año tras el accidente (I)


La comisión de investigación del siniestro del Superpuma que se estrelló en el mar es la responsable de aclarar si un fallo en una bengala que debía alumbrar su maniobra dejó a oscuras a la tripulación 24 segundos antes de la tragedia


Buzos de la Armada tuvieron que lanzarse al mar para recuperar el cuerpo de uno de los militares fallecidos cuando el helicóptero se partió en pedazos tras un golpe durante el izado final desde el fondo del océano




La caída del sol de este viernes 19 de septiembre no trajo una noche cualquiera para las familias de los cuatro militares muertos en el helicóptero del SAR (servicio de búsqueda y rescate, en sus siglas en inglés) que se estrelló y hundió en el mar a 37 millas náuticas de Gran Canaria cuando hacía un entrenamiento de evacuación nocturna. Este viernes se han cumplido seis meses desde una tragedia que conmocionó al 802 escuadrón SAR con sede en la Base Aérea de Gando y que causó un mes de suplicio añadido para las familias de los desaparecidos, primero por la lentitud con que se inició la búsqueda y rescate subacuático de la nave accidentada y luego por la imposibilidad de sacar del mar los cuerpos de dos de los militares fallecidos. Para las familias no ha terminado el calvario. Viven su duelo en silencio y hace mucho que perdieron ya la cuenta de las lágrimas derramadas. Pero mucho más allá del dolor, entre ellas se abre paso la firme determinación de exigir explicaciones: qué pasó, por qué ocurrió y si alguien con capacidad para tomar decisiones pudo evitar que aquella tripulación se expusiera al riesgo de morir por no contar con los medios suficientes para realizar una maniobra nocturna en condiciones de seguridad. Frente al muro de silencio oficial, las preguntas se amontonan, pero una sobresale por encima de todas las demás: qué incidencia tuvo en el accidente el fallo de una bengala que dejó a oscuras a la tripulación en medio del ejercicio de instrucción y la obligó a abortar la maniobra solo 24 segundos antes de que se produjera un brutal impacto del helicóptero contra el mar.



El accidente del helicóptero del SAR es objeto de una doble investigación. La primera la realiza el juez togado militar que se hizo cargo de esta causa a las 04:56 horas de la mañana del 20 de marzo, cuando un fax del jefe del 802 escuadrón SAR le notificó que ocho horas antes había caído al mar un Superpuma HD21-10 con 5 personas a bordo, con un balance entonces provisional de un militar rescatado con vida y cuatro desaparecidos: el capitán Daniel Pena Valiño, la teniente Carmen Ortega Cortés, el teniente Sebastián Ruiz Galván y el sargento Carlos Caramanzana Álvarez. La otra la lleva a cabo la Comisión para la Investigación de Accidentes de Aeronaves Militares (CITAAM), dependiente del mando logístico del Ejército del Aire y que ya suscitó desde el primer minuto una gran desconfianza de las familias de las víctimas por la ausencia entre sus miembros, luego corregida, de un especialista en helicópteros.

domingo, 21 de septiembre de 2014

"Hoy nuestra soledad está más acompañada"

AVIACIÓN


El Ayuntamiento grancanario de Ingenio, donde nacieron 8 de las 154 víctimas del avión de Spanair, rinde homenaje al esfuerzo de las familias por afianzar la cultura de la seguridad aérea en España


Margarita Henríquez, Juan José Gil, Ángeles Piretti y Pilar Vera.

“Hoy nuestra soledad está más acompañada”. Pilar Vera es una mujer fuerte, con una asombrosa capacidad para observar, escanear y diseccionar aquello que se ofrece a sus ojos. Uno de esos seres humanos sedientos de justicia y verdad cuya voluntad indestructible es directamente proporcional a la ferocidad con que destripa los cinismos del poder. Más aún si bajo los pies de la hipocresía, la dejadez, un sentido vil del mercantilismo o la ineficiencia indecente del poder político o económico son arrollados los derechos y la dignidad de quienes ya no pueden defenderse.

Pero este jueves, en Ingenio (Gran Canaria), el lugar donde nacieron 8 de las 154 víctimas del avión de Spanair que se estrelló en Barajas el 20 de agosto de 2008, a Pilar Vera se le quebró la voz y las lágrimas se despeñaron por su rostro como si, seis años después de la tragedia, el cúmulo de reveses y desesperaciones familiares que dejó detrás el accidente del JK5022 se hubieran concentrado súbitamente en su garganta.

martes, 16 de septiembre de 2014

DACT 2014: cómo despegar o aterrizar entre cazas de combate

AVIACIÓN


¿Es peligroso el cruce de aviones civiles y militares en un aeropuerto que combina los dos usos, más aún durante unas maniobras del Ejército del Aire que movilizan decenas de aeronaves de combate? Según los controladores aéreos, hay más estrés, pero no más riesgo


  


Si el pasajero tiene miedo a volar, puede que no le resulte muy tranquilizador embarcar desde un finger o esperar en su avión cerca de la cabecera de pista mientras un enjambre de cazas del Ejército del Aire se adentran de dos en dos sobre el espacio del aeropuerto y dibujan a velocidad de vértigo un gigantesco círculo en el aire antes de romper la formación y bajar como una exhalación hacia la pista para tomar tierra. A este espectáculo pudieron asistir a diario y en dos tandas desde el 2 de septiembre hasta el pasado viernes cientos de atónitos pasajeros en el aeropuerto de Gran Canaria como consecuencia de los ejercicios DACEX/DACT 2014 programados por el Ejército del Aire para poner a prueba en un área situada al sur de Canarias los sistemas de defensa aérea y el adiestramiento de sus tripulaciones y de los controladores militares.

El Ejército del Aire cierra el ejercicio con un balance sin matices que resume en dos palabras, “altamente positivo”, pero desde la óptica civil las maniobras dejan una estela de pequeños trastornos para la aviación comercial en forma de esperas en el aire, amagos de desvíos y pequeñas demoras en las salidas. La gran pregunta es ¿está garantizada la seguridad de todos en un aeropuerto que combina el uso civil y militar? La respuesta, según los controladores, es un rotundo sí.