lunes, 9 de junio de 2014

Fa y Sebas: pilotos, amigos y unidos por la fatalidad más allá de la vida

EJÉRCITO


El capitán fallecido este lunes al estrellarse un Eurofighter apadrinó en la Academia del Aire al teniente Ruiz, muerto en el accidente del SAR del 19 de marzo


Lluna acompañó a la familia de Ruiz tras la tragedia del Súper Puma y el domingo paseó con el padre de su amigo y se despidió con dos golpecitos de ánimo a la altura del corazón




Fernando Lluna Carrascosa.
Sebastián Ruiz Galván.















TERESA CÁRDENES

Los cruzó el destino hace 11 años cuando se preparaban en Guadalajara en 2003 para ingresar en la Academia General del Aire, los unió la vida durante años de amistad personal y profesional en los que uno se hizo incluso padrino del otro y los volvió a juntar este lunes una fatalidad devastadora: Fernando Lluna Carrascosa, el capitán del Ejército del Aire fallecido este lunes a los 30 años de edad al estrellarse junto a la base de Morón de la Frontera el Eurofighter que pilotaba, era compañero, amigo y padrino en la Academia del Aire del teniente Sebastián Ruiz Galván, uno de los cuatro militares que perdieron la vida el pasado 19 de marzo cuando el Súper Puma en que viajaban cayó y se hundió en el mar mientras realizaban un entrenamiento de rescate nocturno. Fa, como su amigo le llamaba cariñosamente, lloró la muerte de Sebastián junto a los padres del teniente cuando éstos se desplazaron en marzo a Gran Canaria para enfrentarse al interminable calvario de un mes que supuso la búsqueda y extracción del Súper Puma del fondo del mar. Justo este domingo había estado charlando con el padre de su amigo después de compartir un paseo en moto. La feroz tragedia que se ha cebado sobre estas dos familias quiso que apenas unas horas después fuera Sebastián padre, al que los suyos llaman Nanín, el que tuviera que acudir a la base de Morón de la Frontera, noqueado por el impacto de la noticia y conmocionado por el dolor, para llevar un consuelo imposible a la esposa y joven viuda de Fernando. El piloto deja una hija muy pequeña, de apenas unos meses de edad.



"Esto es horroroso, esto es horroroso", repetía este lunes Nanín desde la base de Morón con la voz quebrada, el corazón encogido y como si todavía navegara entre la incredulidad y la negrura insondable de esta nueva tragedia. Nanín, que reside en Chiclana, Cádiz, donde reposan los restos de su hijo, dedicó parte del fin de semana a ordenar y repasar documentos. Papeles que acababa de recoger en un viaje corto a Gran Canaria relacionados con la muerte del teniente Ruiz, "mi niño", el joven cuyos chispeantes ojos azules saltaban literalmente de su casco de piloto para conquistar a todo aquel con el que se cruzaba. El domingo, el padre de Sebas había quedado con Fa para dedicar unas horas a una afición compartida, los paseos en moto. Y se vieron. Y pasearon. Y charlaron. Y tomaron "un refresquito" en medio de la ruta. Cuando se despidieron, Nanín enfiló el camino hacia Chiclana y Fa tomó el suyo, de regreso a su casa en Utrera. Antes de partir, a sabiendas del dolor insondable del que intenta recuperarse poco a poco el padre de su amigo y "hermano de la Academia", Fernando miró a Nanín y se dio unos  golpecitos en el pecho, a la altura del corazón, cargados de sentimiento. Este lunes, cuando estaba en su trabajo, a Nanín le sonó el teléfono y la noticia se estampó como un ladrillo sobre su oído. Ha caído un Eurofighter en Morón y Fernando era el piloto, le contó su hija menor.

Sebastián Ruiz Galván y Fernando Lluna Carrascosa se conocieron en 2003 en Guadalajara, donde hicieron juntos el curso de preparación necesario para intentar el ingreso en la Academia General del Aire de San Javier, en Murcia. Fernando lo consiguió a la primera y entró en San Javier un año antes que su amigo. Sebas logró superar las pruebas de ingreso al año siguiente, y Fa quiso cumplir una tradición y se convirtió en el padrino de su amigo. Acabó de fraguarse entonces una amistad duradera de carrera, trabajo, fiestas, trajines y vacaciones compartidas que fue mucho más allá de la mera camaradería de academia y que ambos hicieron extensiva a sus respectivas familias, hasta el punto que para Nanín, Fa acabó siendo, como lo definía este lunes, "otro hijo postizo".

Once años dan para muchas risas y muchas alegrías. Desde luego, la que Fa también compartió con su amigo cuando hace solo unos meses nació su primera y única hija y Sebas viajó expresamente desde Gran Canaria para conocer al bebé. Nada hacía presagiar entonces que solo unas semanas después, en una trágica coincidencia con el Día del Padre, el teniente Ruiz perdería súbita y trágicamente la vida al caer junto a sus compañeros en el Súper Puma del 802 escuadrón del SAR (servicio de búsqueda y rescate) que se estrelló en el mar el 19 de marzo a 37 millas de Gran Canaria. Nada más conocer la noticia, Fernando telefoneó a Nanín. Su bebé tenía apenas dos meses, pero ni él ni su esposa dudaron un momento en lo que había que hacer, de modo que dejaron a su hija pequeña con sus familiares y volaron a Gran Canaria para estar junto a los padres y la hermana de Sebas en aquellas horas de incertidumbre y de sufrimiento extremo que luego se prolongarían durante un mes atroz de espera por la operación de rescate y de búsqueda en el fondo del mar, rematada por los cinco días diabólicos que duró la identificación de los cadáveres que se pudo rescatar del mar.

En aquellos días, Fa estuvo junto a Nanín en momentos extremadamente dolorosos vividos en la Base Aérea de Gando en las fases iniciales del rastreo aéreo, mientras el Ministerio de Defensa se tomaba su tiempo hasta que, presionado por las familias y un clamor en las redes sociales, se decidió a lanzar una operación de búsqueda y recuperación subacuática de los restos del helicóptero. Una tarde, Nanín logró encontrar una copia de las llaves del coche de Sebastián, estacionado en la Base Aérea, y se sentó en el vehículo junto al amigo y "hermano postizo" de su hijo. Ambos se pusieron a recoger juntos los pequeños objetos de Sebas repartidos por el coche. Nanín reparó de pronto en que Fernando se quedó quieto y rompió a llorar con desconsuelo: había encontrado en el vehículo una pequeña media luna de madera que había sido el amuleto de los dos amigos en la Academia de Guadalajara en 2003. Fa pidió a Nanín quedarse con ella, le prometió engarzarla en su mono de vuelo y días después le mandó una foto del pequeño amuleto prendido de su uniforme. A los pocos días partió de Gran Canaria: debía desplazarse a Holanda para participar en un ejercicio multinacional donde, según cuenta Sebastián padre, su experiencia y su enorme solvencia profesional quedaron ampliamente acreditadas cuando le encomendaron la misión de ponerse al frente de medio centenar de pilotos. "En lo personal era un encanto de chaval, pero profesionalmente era un piloto muy experimentado, con un gran conocimiento del avión que volaba, un piloto de una gran valía y una persona muy cabal".

Nanín guardará para siempre el recuerdo de la última tarde y las últimas conversaciones del domingo con Fa. Este lunes, nada más conocer la caída del avión, se desplazó con la madre y la hermana de Sebas a la base de Morón para tratar de llevar algo de consuelo a su joven esposa y devolverle el cariño que ella derrochó también durante los oscuros días de Gando. "Ahora están de nuevo juntos", dijo ella nada más verles llegar.


2 comentarios:

  1. Un relato muy conmovedor, tengo un viejo amigo que hace años que no veo, es piloto de uno de los Hercules, muchas veces me acuerdo de el.

    Perder un familiar, no hay dolor comparable, espero que la familia supere, dentro de lo que cabe, la perdida.

    Suerte.

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  2. Buenas tardes, Teresa. He estado viendo algunas entradas de tu blog y te felicito pues considero que profundizas en los asuntos de manera seria y rigurosa. Esta triste historia es también emocionante.

    Me pasaré por aquí con más calma.

    Un saludo

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