miércoles, 26 de marzo de 2014

Una carta desesperada de las familias fuerza a Defensa a reforzar la búsqueda del helicóptero del SAR

El ministerio anuncia contactos con expertos internacionales para tratar de rescatar en aguas profundas los cuerpos de los cuatro militares desaparecidos



"Nuestros hijos sirvieron en Afganistán cuando se lo pidieron. Si no tienen medios, que los busquen o que se los pidan a la OTAN", exige el padre de uno de los tenientes dados por muertos


Las familias están indignadas con el Gobierno y con los periodistas: "Llevan dos semanas hablando del avión de Malasia y en tres días se han olvidado de cuatro militares que han muerto por España"



Siete días, un llamamiento desesperado de la madre de una de las víctimas a través de Change.org y casi 40.000 firmas ciudadanas en menos de 24 horas ha necesitado el Ministerio de Defensa para aclarar hoy que no se propone detener la búsqueda de los cuatro militares desaparecidos en el mar a 37 millas de Gran Canaria y que buscará soporte técnico internacional para intentar sacar a la superficie el helicóptero en el que se hundieron en el mar el pasado 19 de marzo. El anuncio de Defensa llegó apenas 17 horas después de que Josefina Valiño, madre del capitán Daniel Pena Valiño desaparecido en el accidente, se preguntara en una dramática carta en Change.org si Defensa no tenía dinero suficiente para tratar de rescatar el helicóptero de las aguas del Atlántico. Apenas una hora antes de que el ministerio confirmara que la búsqueda prosigue, Sebastián Ruiz, padre del teniente del mismo nombre desaparecido también en el siniestro, se dirigía al aeropuerto de Gran Canaria para regresar a su casa en Cádiz, desde donde se trasladó cuando se desencadenó la tragedia, con una idea fija en la cabeza: "Volveré a Gran Canaria en tres o cuatro días, voy a estar aquí como un centinela para asegurarme de que siguen buscando y de que devuelven a nuestros hijos a casa".





Sebastián Ruiz y Josefina Valiño han puesto voz en las últimas 24 horas a la desesperación de las cuatro familias golpeadas el 19 de marzo por la caída al mar de un helicóptero del Servicio Aéreo de Rescate (SAR) cuando hacía un entrenamiento nocturno de evacuación junto a un barco de la Armada a 37 mllas náuticas de Gran Canaria. En ambos casos por una misma razón: en palabras de Ruiz, "la duda y la incertidumbre" sobre las intenciones de Defensa respecto al rescate del helicóptero y el temor a que, por causas presupuestarias o limitaciones técnicas, se renunciara a la extracción de la nave del océano, condenando a las familias al calvario añadido de no poder enterrar a sus hijos.

Las familias de los cuatro militares desaparecidos hace una semana han compartido en la última semana algo más que lágrimas. Tras el shock inicial de la desaparición de sus hijos engullidos por el océano, el despliegue inicial de rescate y la expectación mediática inmediatamente posterior al accidente, llegó una segunda fase de búsqueda limitado en exclusiva a un rastreo aéreo y un período de progresiva indiferencia de los medios de comunicación hacia su caso. Justo entonces empezó a crecer entre las familias el temor a que, lejos ya de la lupa mediática, Defensa se relajara en la búsqueda y no accediera a proporcionar al Ejército del Aire todos los medios que se requieren para sacar el helicóptero del agua y localizar los cuerpos de los militares desaparecidos, que los padres creen atrapados en la nave siniestrada a dos mil metros de profundidad.

Ruiz no tiene sino palabras de agradecimiento para el Ejército del Aire, que "se ha dejado el alma, con personas que se han arriesgado muchísimo para tratar de encontrar a nuestros hijos". Pero ni el aliento a las familias ni el esfuerzo en la búsqueda podían ya con la evidencia, relata Sebastián Ruiz, de que los medios aéreos de rastreo eran ya absolutamente insuficientes y que era necesario pedir refuerzos y recursos de tecnología avanzada para rescatar del agua a los rescatadores. "Hasta donde sé", explicaba hoy el padre del teniente Ruiz desaparecido, "la Armada tiene medios para hacer la batimetría y un barrido lateral en el lugar donde se produjo el accidente. España tiene barcos científicos con robots que podrían colaborar en la búsqueda. Y hasta donde sé, el Mando Aéreo de Canarias ha hecho hoy una petición" de refuerzo. En estas condiciones, ¿qué retrasaba la orden del Ministerio de Defensa para seguir adelante?

La voz de alarma de las familias la había dado a media tarde del martes Josefina Valiño, la madre de uno de los tres pilotos que viajaban en el Súper Puma la noche en que, según la primera versión oficial, basada en el testimonio del único superviviente del accidente, un mecánico militar que pudo saltar al agua cuando la nave cayó, ésta rozó por causas desconocidas la superficie del océano y se hundió en el mar.

En una carta cargada de dramatismo difundida a través de Change.org, Valiño se preguntaba públicamente si el sueldo del militar conlleva el deber de morir sin más. "Cuando un avión desaparece en el mar se busca la caja negra y se rescata, incluso ha habido casos de más de cuatro mil metros de profundidad. ¿Acaso la muerte de un militar va implícita en su sueldo? La prensa está callada, no he vuelto a leer nada más, todo está en silencio…". La misiva se remataba con la hipótesis de un calvario añadido para las cuatro familias, el que supondría tener que esperar a ciegas tres meses sin recuperar los restos de sus hijos hasta que se les dé oficialmente por muertos, como, con dudoso sentido de la sensibilidad, ya anticipó el ministro de Defensa, Pedro Morenés, cuando se desplazó a Gran Canaria para atender a las familias al día siguiente de la caída del helicóptero. "Cuando pasen tres meses, se les dará por fallecidos… Una medalla y supere usted la vida como pueda", escribía el martes amargamente Josefina Valiño.

Con enorme aplomo, pero gran crudeza, Sebastián Ruiz fue hoy un paso más allá al expresar su "total indignación" no sólo con el Ministerio de Defensa, también con los periodistas. "Aquí en tres días se han olvidado de cuatro españoles que han muerto por España, y sin embargo han estado dos semanas pendientes del avión de Malasia. ¿Y nuestros hijos, qué? De ellos se dejó de hablar. Si no hay medios suficientes en la Armada, hay barcos del Oceanográfico que tienen robots submarinos. Y si no son suficientes, que se los pidan a la OTAN. Como sus compañeros, mi hijo sirvió en Afganistán dos veces. Pues bien: si no hay medios, que los busquen, pero que nos traigan a los nuestros a casa".

La carta de Valiño movilizó en la tarde del martes a miles de ciudadanos en las redes sociales. Apenas 24 horas después de ser lanzada, en el momento de escribir estas líneas, la misiva sumaba ya casi 40.000 firmas de apoyo. A primera hora de este miércoles, Defensa seguía atrincherada sin embargo en un silencio rocoso, tras relevar a la oficina de prensa del Ejército del Aire del trato directo con los periodistas y trasladar el control de la comunicación al gabinete de prensa del ministerio.

En contraste con la amabilidad mostrada estos días por el portavoz del Ejército del Aire, hoy dos funcionarios de voz robótica despachaban desde Defensa a los periodistas con un desabrido 'nada que decir' al ser interrogados sobre la suspensión, o no, de las tareas de rescate. A medida que la presión crecía en las redes, fuentes oficiales ya filtraban a media mañana en Canarias que Defensa acabaría anunciando que la Armada se ocuparía de los estudios de batimetría y que el ministerio acudiría a empresas especializadas internacionales para tratar de efectuar el rescate del helicóptero en aguas profundas.

En efecto, la nota oficial llegó pasadas las dos de la tarde, hora insular: "El Ejército del Aire y el Ministerio de Defensa están analizando las diferentes posibilidades para la recuperación de los restos sumergidos del aparato siniestrado. Para este fin, el Ejército del Aire ha contactado con empresas especializadas en la búsqueda y rescate subacuático a grandes profundidades, para estudiar la viabilidad técnica de realizar con éxito una operación de extracción del helicóptero".

Con todo, la nota deja en el aire muchos interrogantes: subraya que la primera fase de la búsqueda (intento de encontrar con vida a los cuatro militares) se dio por finalizada el pasado domingo y que ahora prosigue la segunda fase, "de búsqueda y recuperación de restos" con tres aeronaves y vuelos "desde el amanecer hasta el ocaso". La duda principal tiene que ver con el margen temporal: la búsqueda se prolonga, sí, pero "al menos durante una semana", recalca la nota. ¿Y después?

Sin comparecencia pública, la delegada del Gobierno en Canarias, María del Carmen Hernández Bento, envió hoy mismo a los medios un corte de audio en el que aclara que Defensa pondrá en la búsqueda "todos los medios" y que no se detendrá. En el intento de tranquilizar a las familias, añadió que comprende "el dolor y la impotencia", pero que sería "un contrasentido que un escuadrón que se dedica al rescate de personas, abandonara el de miembros de ese escuadrón que están desaparecidos".

Pero los familiares se mantienen en guardia, y Sebastián Ruiz volverá a Gran Canaria para permanecer "como un centinela" en la misma Base Aérea de Gando comprobando que prosigue el intento de encontrar los restos del capitán Daniel Pena Valiño, la teniente Carmen Ortega Cortés, el teniente Sebastián Ruiz Galván y el sargento Carlos Caramanzana Álvarez. Eternamente agradecidos al Ejército del Aire, pero extremadamente recelosos ante el Ministerio. Y por cierto, ¿ha mantenido Defensa el contacto personal con las familias tras su viaje inicial a Gran Canaria?. La duda la despeja con extraordinaria contundencia el padre del teniente Ruiz. "Yo de la política lo único que espero es que dé la orden de refuerzo de los medios de rescate. Eso es lo que espero. No me hacen falta fotografías con nadie"

























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